Vestido de rojo especialmente para los Juegos de Pekín, Rafael Nadal está imparable. Sabe que a partir del lunes será el número uno del ranking de la ATP pero va por más, en este caso, por la medalla de oro. Ayer, en semifinales, se sacó de encima al que es y seguirá siendo el número 3, el simpático serbio Novak Djokovic. Afortunadamente para los chinos que colmaron el estadio, el partido duró tres sets. En el primero se impuso 6-4 el mallorquín. Djokovic se recuperó en el segundo y se lo llevó 6-1. Y Nadal volvió a aparecer, a arriesgar y a defender como los dioses en el tercero y lo ganó 6-4. Una maravilla. Como para dejar en claro que está tan motivado como cuando este año ganó, entre otros torneos, Roland Garros y Wimbledon. Fiel a su costumbre, Nadal lo festejó tirándose al suelo y apretando los puños.
En la final -se jugará mañana a partir de las 5 hora argentina-, Rafa deberá medirse con el chileno Fernando González, que en Atenas 2004 se llevó una medalla de bronce y con el triunfo de ayer ya se aseguró, al menos, una de plata. González le ganó 4-6, 7-5 y 11-9 al norteamericano James Blake, que en la instancia anterior había eliminado ni más ni menos que a Roger Federer.
Parejos en los dos primeros sets, fueron al tercero. Hasta que González no dejó pasar su chance: aprovechó su quinto match point y facturó. González finalizó con la felicidad de llegar a la final y Blake, además de quedar triste por la derrota, terminó indignado por una pelota que se le fue afuera y que supuestamente rozó en la raqueta de Feña. El juez no la cobró y González no dijo nada: "En un Juego Olímpico, en un deporte que debería ser jugado como caballeros, se supone que uno tiene que ser honesto. Bien por él, si con eso puede irse a dormir tranquilo esta noche", añadió Blake enfurecido.
Fuente: Diario Ole
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